miércoles, 28 de julio de 2010

CARTELES, POSTERS, AFFICHES

Aquí las tres primeras propuestas de posters para Molina´s Ferozz hechas por mi amigo el diseñador Alberto Medina Peña a base de tres stills tomadas por Claudio Fuentes Madan durante el rodaje.







lunes, 19 de julio de 2010

Finalizó el rodaje de PENUMBRA de Adrian y Ramiro García Bogliano


El pasado viernes 16 de julio dio por finalizado el rodaje de la película de horror “PENUMBRA” de las productoras Cinemagroup, Tres Mentes y Paura Flics. La inquietante película de horror está dirigida por Adrian y Ramiro García Bogliano y conto con la producción ejecutiva de Horacio Mentasti, Esteban Mentasti y Alberto Trigo.
El rodaje se extendió a lo largo de 25 jornadas en locaciones de la ciudad de La Plata. La película tiene fecha de estreno prevista para comienzos del 2011.
PENUMBRA está protagonizada por la actriz catalana Cristina Brondo, Sebastián Muñiz, Camila Bordonaba, Diego Cremonesi, Victoria Witemburg, Maria Nela Sinisterra y conto con la participación de Gustavo Garzón y la participación especial de Arnaldo André.
"PENUMBRA" cuenta la historia de Marga, una mujer de negocios española de paso por Argentina que acude a mostrar un departamento en alquiler a unos potenciales arrendadores. No tardará en darse cuenta de que sus “clientes” no son lo que parecen y que tienen macabros planes para ella y su departamento.

lunes, 12 de julio de 2010

FEROZZ en Cine Cubano la Pupila Insomne















Esta es la reseña crítica hecha por el crítico y ensayista Juan Antonio García Borrero en su blog www.cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com

MOLINA’S FEROZZ (2010), de Jorge Molina 12-07-2010 GTM 1 @ 16:59
jagb —

Hace poco leí una tajante afirmación de uno de los pensadores contemporáneos que más se las arregla para inquietarme: Slavoj Zizek. La cito tal como la anoté: “La verdadera grandeza y el legado histórico del cine italiano, su contribución histórica a la cultura europea y global del siglo XX, no reside en el neorrealismo ni en ninguna otra rareza apta solo para intelectuales degenerados, sino en tres géneros únicos: los spaghetti-westerns, las comedias eróticas de los años sesenta y (el más grande de todos) los espectáculos históricos peplum”.

No es el primer gran pensador que se esfuerza en concederle jerarquía al cine en su vertiente más “popular”, dejando a un lado ese único rol de “gran Arte” que le adjudica un grupo de expertos al que apenas le importaría el ángulo “autoral”. Fanático de las películas de Hitchcock, estudioso de Lacan y de Hegel, Zizek nos compulsa a asomarnos a esas películas que gustan de apropiarse del mundo desde perspectivas voluntariamente alejadas del gran Canon: también allí hay miradas intensas y perturbadoras a la vida.

La crítica relacionada con el cine cubano tardará bastante en asumir una postura igual de desprejuiciada por motivaciones ajenas a ella misma: no pocos cineastas cubanos siguen atados a aquel paradigma que, para nombrar el propio neorrealismo italiano que Zizek menciona, en un inicio dictaron las coordenadas maestras que a partir de 1959 guiaría el quehacer del grueso de los cineastas fundadores del ICAIC. Ni siquiera importa que el neorrealismo fuese abandonado casi de inmediato para dar lugar a una formidable práctica experimental con valiosos resultados en el área documental, y, hacia finales de los sesenta, en la ficción; para entonces la fiebre del “Autor serio” con hambre de “trascendencia” se ponía de manifiesto hasta a la hora de chotear.

En un contexto así es imposible que un cineasta como Jorge Molina pueda ser bien recibido. Ya no dentro del ICAIC, sino dentro de eso tan abstracto que nos gusta llamar “cine cubano”. Hay quien justifica su exclusión alegando que las películas de Molina son pornográficas, pero es obvio que eso solo lo podría asegurar alguien que no sepa lo que es la pornografía y guste meter en un mismo saco todo lo que desestabilice su propio concepto de Moral. Es verdad que en todas las historias de este realizador el Sexo (junto a la Muerte) es al mismo tiempo el punto de partida y llegada, pero (como en “El imperio de los sentidos”, de Oshima), un consumidor habitual de pornografía se sentirá a todas luces decepcionado, en tanto lo que se enseña no tiene como fin “excitar” (al menos en el sentido más tradicional de aquel género), sino en todo caso perturbar, estremecer, y hasta provocar el rechazo visual. Su filme más reciente, “Molina’s Feroz” (2010), tal vez sea en ese sentido el que mejor despeje las dudas.

En aquella nota sobre Chesterton, Jorge Luis Borges nos hizo notar que “Edgar Allan Poe escribió cuentos de puro horror fantástico o de pura bizarrerie”. El cine de Jorge Molina es precisamente eso: puro cine bizarro (el término ha sido acuñado por el crítico argentino Diego Curubeto); o lo que es lo mismo, aproximaciones descarnadas a esa parte de la condición humana que las convenciones sociales, tan saturadas de reglas que aspiran a crear un sujeto colectivo armónico allí donde conviven a diario individuos con intereses irreconciliables, disfrazan de una racionalidad a todas luces ficticia y edulcorante.

Desde luego, como todo rebelde sin pausa que se respete, Molina tiene seguidores, pero le sobran legiones de espectadores que repudian con honestidad lo que hace. Estos últimos impugnan la idea de que el cine también puede servir para explorar la parte más velada de nuestras existencias, y quizás esa falta de concesiones de Molina (todo un incansable Indiana Jones de nuestros sombríos subconscientes) sea la raíz del rechazo más visceral. Porque en términos técnicos es casi imposible reprocharle algo al cineasta. Molina no pertenece al Homo Sapiens, sino al Homo Cinematographicus.

Hablamos tal vez del más cinéfilo de los realizadores que ha filmado en nuestro país. De alguien que ha estado al tanto de esas listas canónicas que, cada cierto tiempo, nos imponen ese Parnaso fílmico que unos pocos eruditos construyen para la posteridad, pero que también ha consumido con una avidez descomunal ese otro cine que se menosprecia por razones culturales, por pudor, o, en no pocos casos, por hipocresía vestida de trasnochada moralina: estoy hablando, por ejemplo, de las películas de Boris Karloff, Jess Franco, Mario Bava, o del cine de Hong Kong, encabezado en su momento por John Woo.

“Molina’s Ferozz”, su filme más reciente, parte de ese clásico infantil que es “La Caperucita Roja”, aunque no disimula que detrás de la sensual nínfula protagonizada por Dayana Legrá hay un guiño a la “Lolita” de Nabokov. Por otro lado, no es gratuito que al final del filme encontremos una dedicatoria al cineasta polaco Walerian Borowczyk, legendario creador de “Cuentos inmorales” (1973) o “La bestia” (1974), entre otras películas de culto pertenecientes al “cine bizarro”.

Algo novedoso es que este es el primer filme de Molina donde puede reconocerse con absoluta claridad el contexto cubano, en este caso en su zona rural. En la historia de esta familia campesina integrada por una abuela malvada, sus tres hijos, una nuera y una nieta, no solo hay sexo y violencia al por mayor: Molina ha corrido el perímetro de su severa voluntad de trasgresión para que hasta el incesto y la zoofilia explícita (fenómenos intocables en cualquier película que aspire a ser, por lo menos, recibida sin recelos) tengan cabida dentro de la trama. Ningún realizador de la isla (menos viviendo “en” la isla) se ha arriesgado a ir tan lejos en esta implacable y meticulosa maniobra de “desencantamientos” fílmicos. Allí donde el cuidadoso encuadre prometía el más refinado de los “erotismos” terminamos siendo testigos de un desenlace sexual donde lo gore y lo trágico asume el protagonismo absoluto. No hay música de fondo que ponga en peligro al abierto desafío al “sentimentalismo”, a pesar de que se juega todo el tiempo con la hipersensibilidad de los espectadores. Lo que importa aquí es convertir el Cinema Paradiso en justo lo contrario: un Cinema Inferno.

Los que conocen la obra de Molina, esos que van a ver sus películas buscando justo este tipo de emoción (otros dirán “perversión”), no se sentirán defraudados. Sin embargo, no hay que engañarse: este no es un cine para mayorías. El grueso de las personas (incluyo a los consumidores del “cine para adultos”) sigue usando a las imágenes en movimiento como una suerte de droga legal, algo que nos permite sentirnos a salvo de ese universo lleno de situaciones límites que las películas de Molina pretenden describir con un desparpajo francamente libertino. Y aquí surge algo interesante que la filmografía “moliniana” pone en evidencia: es incierto que el espectador común apele al cine con mucho “sexo, violencia y lenguaje de adultos” tan solo para evadirse de las miserias que abundan a su alrededor; yo diría que más bien consume ese tipo de cine “estilizado” (donde los cuerpos mueren o copulan de un modo más bien “bello”) para no enterarse de las miserias interiores.

La diferencia que hay, por poner un ejemplo, entre el “realismo sucio” que Pedro Juan Gutiérrez despliega en su literatura, y el que Molina enfatiza en su filmografía, es que el primero habla de un infierno que nos rodea, nos acosa desde el exterior, y el segundo nos recuerda que el infierno puede llevarse por dentro como un tatuaje. Por eso las películas de Molina no son “realistas” en el sentido más ingenuo que le puede conceder alguien que deduce que con colocar la cámara frente a un basurero donde vive un hombre ya se está mostrando con transparencia el fondo del abismo, sino que apela a ese otro “horror” que se lleva dentro, a esos demonios que viven intranquilos en las trastiendas de nuestras conciencias.

El cine de Molina combate cualquier tipo de ilusión relacionada con la creencia de que hay hombres moralmente “superiores”, y que esa condición los pone a salvo de la tentación de dañar a los Otros, a veces por omisión. Sin embargo, es mucho más irreverente cuando, sin mencionar la política o la religión, contradice la creencia generalizada de que es posible mejorar la convivencia humana a través de consensos colectivos que tengan en cuenta cada vez más lo que pudiera ser el bien común. El cine de Molina parte del “irracionalismo” como algo inherente al mundo; no de aquel irracionalismo que se asocia a la irracionalidad ideológica y que puede desembocar en todas esas ideologías del totalitarismo que conocemos en sus diversas vertientes destructivas del individuo, sino del irracionalismo como impulso ciego que manipula de manera arbitraria el destino de millones y millones de seres humanos, vivan estos en Nueva York o en la campiña cubana, sean príncipes o mendigos, se cubran con vestidos de sedas o se enfunden en pieles de asnos.

Como espectadores formados bajo la tutela de un credo que primero quiso ver en el cine al “séptimo Arte”, y luego lo puso en función de fines supuestamente “humanitarios”, es lógico que una se sienta dividido ante la radical propuesta moliniana. Moralista que se hace pasar por inmoral, su particular cruzada es contra las costumbres que han terminado por demonizar el cuerpo, el placer, la libertad de los instintos. El mundo hoy no es sueño, sino pesadilla, parece decirnos. No nos espera el Paraíso, sino que ya vivimos en el Infierno, concluye con énfasis. Si ello fuera cierto, no creo que deberíamos escandalizarnos tanto con el cineasta que describe el desastroso orden de las cosas, como con el espectador (nunca mejor utilizado el término: espectador pasivo) que tolera que la realidad siga siendo obscena, escatológica.

Es real que en las películas de Molina no se sugiere tampoco una alternativa a esa oscuridad que nos rodea. Ni siquiera la frenética actividad sexual, que en “Solarix” salva a la última pareja de humanos frente a la invasión alienígena, garantiza que el Hombre pueda llegar a ser auténtico, toda vez que hablaríamos de una sexualidad “interesada”, y no instintiva. Por otro lado, ya en “Molina’s Test” el concepto mismo de “amor” había quedado muy mal parado tras ser sometido a duras pruebas y humillaciones.

¿Qué nos quedaría en este implacable inventario de carencias humanas y sistemáticos desengaños? Ante todo, el tormento de la sinceridad individual, cada vez más infrecuente en estos tiempos donde el mercado fílmico tiende a homogeneizarlo todo, y se apela a las fórmulas con tal de obtener un reconocimiento, o lo que es lo mismo, una seguridad: por algo el cine contemporáneo es cada vez más frívolo. Luego estaría la nítida descripción de una perseverancia creativa que se sabe condenada a la oscuridad, y que recuerda a aquel Sísifo a pesar de todo dichoso con su penitencia, a pesar de todo vencedor de los dioses gracias al olímpico desprecio que siente por el destino al cual le han condenado. Y aún más, Molina me recuerda a David Lynch cuando aseguró: “Encontrar al amor en el infierno…ese quizás sea el tema de todas mis películas”.

Juan Antonio García Borrero

domingo, 11 de julio de 2010

LOS MOLINIANS: ROBERTO PERDOMO

ROBERTO PERDOMO
Conocí a Roberto Perdomo en Santiago de Cuba a principios de los años ochentas del siglo XX(qué lejano suena y parece que fue ayer).Recién graduado en actuación del Instituto Superior de Arte de la Habana(donde era una leyenda),regresaba a cumplir el servicio social en su ciudad natal. Yo era unos siete u ocho años más joven que él, aspirante a actor y director de cine que quería comerme el mundo. Desde el principio conectamos y nos hicimos grandes amigos. Juntos trabajamos en un par de obras de teatro en Santiago. Muchas de las cosas que se de actuación se las debo a él.
Más tarde él se fue a La Habana a trabajar con el prestigioso grupo de teatro Irrumpe dirigido por el maestro Roberto Blanco, colaborando con otros directores como Carlos Díaz y Armando Súarez del Villar e interpretando importantes personajes en diferentes obras como Baltasar, Mariana Pineda, Réquiem por Yarini, La dolorosa historia de amor de José Jacinto Milanés, Un tranvía llamado Deseo, entre otras.
Cuando hice mi primer corto estudiantil, el trashy noir Toca de nuevo Sam, llamé a Roberto para que fuera el protagonista. Más tarde nuestras vidas tomaron diferentes rumbos y hubo un impass en nuestro trabajo juntos. Roberto fue a España donde tuvo una irregular carrera en el cine, el teatro y la televisión. Entre esos trabajos salvaría su imagen de seductor en La Comunidad de Alex de la Iglesia y su aparición en dos capítulos de la serie Comisario donde interpreta a un narcotraficante colombiano. De regreso a Cuba se ha impuesto como un rostro habitual en la televisión donde aún no encuentra un personaje realmente potente que le haga justicia como actor.
En Molina´s Mofo interpretó el afectado personaje del Tutor y en Molina´s Ferozz interpreta al inquietante personaje del tío Inocencio, el protagonista,demostrando una vez más que es un actor de raza como pocos.











sábado, 26 de junio de 2010

LOS MOLINIANS : PANCHO GARCÍA


El miércoles 23 de junio fuí a la presentación en la sala Adolfo Llauradó del documental “Mi luz y mi sombra”, producido por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas. El documental forma parte de una serie que perpetúa la memoria de lo mejor del teatro cubano, dirigida por Alina Morante. El documental como obra artística no aporta nada, una cámara plana que no aprovecha las posibilidades de ese paisaje por explorar que es el rostro de Pancho, está lleno de efectos televisivos demodé y creo que realmente no hace justicia a ese personaje de la escena cubana que es Pancho García. Aunque valoro lo bueno de intentar perpetuar la memoria artística de las tablas cubanas.
Esa mañana me volví a encontrar con Pancho a quien no veía desde el final de rodaje de Molina´s Ferozz donde interpretó a la malvada Doña Zulma, abuela de la protagonista. Pancho llegó por casualidad a la película, sustituyendo a última hora a otro grande, Raúl Pomares quien una semana antes de comenzar el rodaje enfermó.
Francisco (Pancho) García Castellanos, Cienfuegos, 4 de octubre de 1943. Actor y director artístico. Inicia su carrera teatral en el año 1961, al ingresar en el Grupo Experimental de Aficionados de La Habana. Allí recibió clases de actuación, expresión corporal, dicción, historia del arte y todo lo necesario para su formación integral como actor. Hasta 1968 participó en casi la totalidad de las puestas en escena del referido grupo, dirigidas por Juan R. Amán. Entre estas puestas se destacan algunas como Hamlet, Mundo de Cristal, Permiso para casarse, Santa Juana de América, Peribañez y El Comendador de Ocaña.
En el año 1969, ya como profesional, pasó a formar parte del elenco del grupo Joven Teatro, dirigido por Rubén Vigón, participando como actor en las puestas en escena de La Alondra, de Anouil y Los Juegos Santos.
En 1970, se incorpora al legendario Grupo Teatro Estudio, decano de las agrupaciones teatrales de Cuba, fundada en 1958 por los hermanos Raquel y Vicente Revuelta. Actualmente figura como Primer Actor de la Compañía Teatral Hubert de Blanck. Ha participado en más de doscientas puestas en escena, la mayoría de ellas como protagonista, entre las que se destacan las siguientes:
El Caballero de Olmedo, Don Gil de las Calzas Verdes, Madre Coraje y sus hijos, Bodas de Sangre,Macbeth, Doña Rosita La Soltera, El día que me quieras, La aprendiz de bruja, Los diez días que estremecieron al mundo, ¡Ay Carmela!, Ni un Sí ni un No,
Obá y Changó, Morir del Cuento, Un tranvía llamado deseo.
Los monólogos La Noche de María Bethania, La Legionaria, Potestad y El Caballero de París.
Más recientemente en Argos Teatro dirigido por Carlos Celdrán, Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini, Stokman, un enemigo del pueblo, Chamaco, Final de partida y La muerte de un viajante dirigido e interpretado por el mismo.
En el 2008 participó en los filmes Chamaco, de Juan Carlos Cremata, Martí: El ojo del canario, de Fernando Pérez, en el 2009 Molina´s Ferozz, de Molina, y La piscina, bajo la dirección de Carlos Machado.

PANCHO GARCÍA



lunes, 21 de junio de 2010

Camagüey 2 ...

Camagüey es una ciudad hermosa y laberíntica que me gusta mucho, cada vez que ando sus calles, estas me perturban, mi brújula se vuelve loca, pierdo la orientación. Nunca encuentro de primera mano los lugares a donde voy. Fuera una ciudad perfecta si tuviera mar.
Estuve impartiendo un taller de realización non budget a estudiantes de los medios audiovisuales de la filial camagüeyana del ISA. Fue una semana intensa, día y noche donde se trabajó desde la idea al resultado final, un corto de unos cinco minutos inspirado en un pequeño guión escrito para esos menesteres por Arturo Infante. Mientras los estudiantes preparaban sus particulares visiones de la historia, hicimos un recorrido por todo el proceso de producción de un audiovisual en condiciones de guerrilla, casi miserables, desde la escritura hasta su proyección al público.
Espero haber encendido la chispa de la creación en ese grupo de estudiantes a quienes encontré al principio del taller vencidos por la culpa y la auto compasión, llenos de justificaciones y con ese pensamiento demodé del fatalismo provinciano lejos de la capital. Al final quedó demostrado que sí se puede hacer audiovisual en cualquier lugar por muy lejos y empobrecido que esté, solo hay que tener una historia que contar y cualquier medio a tu alcance, desde una handycam hasta un teléfono celular y por supuesto dos cojones! Camagüey fue algo muy lindo, una semana intensa donde compartí con amigos viejos e hice nuevos, donde fuí parte de una hermosa historia que comenzó esa noche de miércoles con una conversación cinéfilo filosófica en el bar al frente del antiguo cine Casablanca reflejada en su blog por Juan Antonio con el cinematográfico título de TÓCALA DE NUEVO MOLINA.
El regreso en la Yutong fue agobiante, por cuanto orificio había en el ómnibus, el asedio a mis oídos por los ataques desmedidos de la discografía completa de Marcos Antonio Solís y Rudy la Escala era casi imposible de repeler, ni cerrando los ojos y soñando con Boston o Dire Straits, Peter Frampton o The Cure había salvación. Cuando creí que todo estaba perdido me aferré cual beduino al oasis que cada vez está más lejano,al espejismo de Ingrid, la chica de veinte años de ojos verdes y mirada penetrante, la del paracaídas y conocimientos filosóficos que vino a salvarme esos tres días y medio que quedaban de los seis que duró el taller, y del calor sofocante que me pegaba la ropa al cuerpo. Desperté cuando me sacudió por el hombro izquierdo mi compañera de asiento. Un hilillo de baba se derramaba de mi boca hasta el pecho haciendo una especie de lago en mi camisa. No era Marruecos. Estaba en la Habana, capital de todos los cubanos.

sábado, 12 de junio de 2010

LOS MOLINIANS













Cuando digo molinians me refiero a un grupo de actores y actrices,técnicos y personal del audiovisual que de alguna manera han colaborado o colaboran conmigo en todas mis locuras; y hacen que mi trabajo llegue a puerto seguro. Hoy comienzo con la protagonista de mi más reciente delirio Molina´s Ferozz: DAYANA LEGRÁ. Dayana es una excelente actriz de belleza salvaje que dotó a su personaje Miranda de una extraña inocencia y un bucólico erotismo de lolita guajira. Fue el auténtico descubrimiento de la película.

DAYANA LEGRAT



Nacida en San Luis,Santiago de Cuba en 1987. Desde su más tierna infancia participó en todas las obras de teatro de su escuela primaria. Ingresa a la Academia de Teatro de Santiago de Cuba a los 15 años donde realiza el nivel medio y posteriormente al Instituto Superior de Arte de la Habana, en la misma especialidad, donde estudia en la actualidad. Ha obtenido muy buenos resultados como estudiante. Su carrera en el audiovisual es muy corta, incluye trabajos de estudiantes de la Facultad de los Medios Audiovisuales del ISA, la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños y pequeños roles en teleplaays de la TV cubana. Molina´s Ferozz es su trabajo más complejo hasta la fecha.