Bueno, bueno, bueno. Pués a partir de la publicación de la entrevista y el comentario de Reynaldo ahora le toca el turno al amigo mexicano Pedro. G. García, editor de cine quien ha querido aportar su granito de arena al tema críticos y crítica. Ahí les va.
Hey Molina, pues yo aquí de típico mexicano chismoso y metiche queriendo poner mis 2 centavos en la discusión. Voy al grano... La crítica especializada es una mierda. Hace y deshace a su parecer, sin miedo ni discordia. Recordemos claros actos de asesinato premeditado como los de Lean, Cimino, Verhoeven, Welles, Aldrich, Mankiewicz, Powell, etc... etc... Y hace pedestales de gente que doy gracias que no son doctores ya que si lo fueran morirían millones de personas. La llamada "crítica profesional" no tiene cabida racional en este medio. Puede ser constructiva, puede ser inteligente, puede ser creativa e incluso en algunos casos puede ser acertada, pero que alguien se suba el cuello de la camisa para decirle al mundo lo que es bueno y malo es quitarle su lugar a la audiencia y lamentablemente eso es lo que ha pasado a lo largo de los años.
La audiencia, por más ignorante o inteligente que sea, debe de ser la que dicte que tiene éxito y que no, que es digno de rescatar y que es digno de tirar a la basura. Si no fuera por la audiencia hoy lo único que veríamos serían películas aburridas que buscan lo vacío y banal junto con varias más imbecilidades con las que la mayor parte de la crítica se hace la paja.
Por más que me disguste hoy en día la gran mayoría del cine actual creo que este es un reflejo de los tiempos y de la sociedad. Y esas debe ser la segunda gran funcion del cine, siendo la primera el entretener a la gente, el contarle algo, el hacer que vea algo que nunca haya visto antes pero que sea a la vez familiar.
Si llenamos al cine de estrellitas y premios, lo cual también es una función de la crítica, y nos damos abrazos en la espalda por nuestra estética, estilo y demás jaladas tan solo estaríamos mordiendo la mano que nos da de comer, y ese es el principio de la extinción de nuestra pequeña trinchera. Y hacer cine para críticos es lo que hoy en día enseñan en la escuela y a lo que la gran mayoría de los alumnos de cine aspiran.
Todos tenemos el derecho a nuestra opinión, pero el gritarle a la gente esta y tratar convencer a la gente que esa es la verdad celestial debido a que quien lo dice tiene miles de doctorados y ha visto mil millones de películas es el acto más grande de egolatría y cinismo que puedo pensar. Recordemos lo que pasó con la pintura y las artes plásticas, donde ahora un lienzo con un punto rojo se vende en miles de dólares sin que nadie comprenda el porqué. Como diría el crítico Roger Ebert: "I think most people are more susceptible to prejudice than to reason."
No perdamos el porqué del cine por gente que tiene ganas de expresarse haciendo sopas de opiniones.
Te mando un abrazo a ti y a Reynaldo.
Pedro G. García
domingo, 31 de enero de 2010
sábado, 30 de enero de 2010
MOLINEANDO 33 y UN TERCIO: COMENTARIO DE REYNALDO LASTRES
Hace cuatro días publiqué un artículo acompañado de una entrevista que me hizo la periodista y fotógrafa colombiana Natalia Chinchilla y aqui me llega un comentario que no pudo postearse del amigo Reynaldo Lastres sobre algo que dije en la entrevista sobre la crítica y los críticos. A continuación reproduzco el e-mail que me envió.
Molina, acabo de entrar en tu blog, gracias a una conexión (ya te imaginarás), que tiene un millón de filtros y condicionales. Quise dejar un comentario sobre la entrevita que publicaste, pero no me dejó crear una cuenta el google, pues parece que es una de las cosas que tiene bloqueadas.
Te suscribo lo que quise comentarte allí, pues para si te apetece lo subas por tu cuenta.
saludos
Me ha llamado la atención, entre otras cosas, tus opiniones con respecto a la crítica de arte (y en especial de cine). No las comparto. No creo que las personas que se dediquen a la crítica sean por regla general, artistas frustrados. Ahora, Sí estoy de acuerdo contigo si lo que quieres es resaltar la banalidad de esa crítica ramplona, superficial y tendenciosa que tanto abunda en nuestros predios. Mirando, desde cierto ángulo tu cine, te darás cuenta que es también muy crítico. Es crítico con respeto al cine cubano más tradicional, pues les está demandando esa herejía que tú muestras en tu trabajo (y que herejía en Cuba no es obligatoriamente herejía política, lo demuestras). Tu cine es una lección para los realizadores que aún a estas alturas, mantienen esa herencia que han recogido del cine cubano, un cine todo el tiempo empeñado en lineamientos sociales y políticos, y que le han dado una imagen universal de parecer panfletario y realista acérrimo. Los críticos también reciben sus lecciones con tu cine. Pues les enseña que hablar de una película no es hablar de lo que nos rodea, no es hacer “loas” o “actos de repudio” a los artistas. La crítica no es más que otra manera de hacer arte, que no tiene que compararse con la obra que critica, y que vale ella misma como arte y se redimensiona con el tiempo. Tu cine puede ser perfectamente una crítica a la situación actual, tanto de cómo se hace que de cómo se mira el audiovisual en Cuba hoy.
Saludos
Reynaldo Lastres Labrada
Molina, acabo de entrar en tu blog, gracias a una conexión (ya te imaginarás), que tiene un millón de filtros y condicionales. Quise dejar un comentario sobre la entrevita que publicaste, pero no me dejó crear una cuenta el google, pues parece que es una de las cosas que tiene bloqueadas.
Te suscribo lo que quise comentarte allí, pues para si te apetece lo subas por tu cuenta.
saludos
Me ha llamado la atención, entre otras cosas, tus opiniones con respecto a la crítica de arte (y en especial de cine). No las comparto. No creo que las personas que se dediquen a la crítica sean por regla general, artistas frustrados. Ahora, Sí estoy de acuerdo contigo si lo que quieres es resaltar la banalidad de esa crítica ramplona, superficial y tendenciosa que tanto abunda en nuestros predios. Mirando, desde cierto ángulo tu cine, te darás cuenta que es también muy crítico. Es crítico con respeto al cine cubano más tradicional, pues les está demandando esa herejía que tú muestras en tu trabajo (y que herejía en Cuba no es obligatoriamente herejía política, lo demuestras). Tu cine es una lección para los realizadores que aún a estas alturas, mantienen esa herencia que han recogido del cine cubano, un cine todo el tiempo empeñado en lineamientos sociales y políticos, y que le han dado una imagen universal de parecer panfletario y realista acérrimo. Los críticos también reciben sus lecciones con tu cine. Pues les enseña que hablar de una película no es hablar de lo que nos rodea, no es hacer “loas” o “actos de repudio” a los artistas. La crítica no es más que otra manera de hacer arte, que no tiene que compararse con la obra que critica, y que vale ella misma como arte y se redimensiona con el tiempo. Tu cine puede ser perfectamente una crítica a la situación actual, tanto de cómo se hace que de cómo se mira el audiovisual en Cuba hoy.
Saludos
Reynaldo Lastres Labrada
martes, 26 de enero de 2010
MOLINEANDO EN EL 2010: MOLINA: DESBORDADO EN LO PROHIBIDO
Hola amigos!!
Retorno al ciberespacio en el 2010. Regreso en estos finales de enero para contarles que Molina´s Ferozz va tomando forma en la etapa de postproducción de sonido y ya tiene fecha de estreno para marzo durante el Taller Nacional de la Crítica en Camaguey donde se hará una muestra retrospectiva de mi obra. ¡A ver qué coño dicen los críticos de la película! Hoy vió el work in progress el periodista, escritor y realizador español Juan Madrid y exclamó: ¡GENIAAAALLL!
A continuación paso a compartir con ustedes un artículo seguido de una entrevista que me hizo la periodista y fotógrafa colombiana Nat Chinchilla para El ESPECTADOR, donde no fue publicado por no se que razón. Ahora yo lo publico aquí con la autorización de su autora, por supuesto.
MOLINA: DESBORDADO EN LO PROHIBIDO
Por: Natalia Chinchilla
Jorge Molina es el único director de cine bizarro en Cuba y al que tal vez se le ha negado todo apoyo económico en su país pues es el primero en mostrar el sexo explícitamente, teniendo en cuenta que en Cuba la pornografía se considera un delito.
“La frontera entre el cine pornográfíco y el llamado cine “normal” se rompió a partir de la aparición de "El Imperio de los sentidos"(Japón-Francia 1976) de Oshima y a mi nadie ha venido a detenerme”, dice Molina mientras se ríe cuando le comento los rumores que corren a su paso. Desde que presentó su primer corto en el 92: “Molina’s Culpa” —bastante transgresor como para escandalizar al más piadoso de los críticos— supo que nunca recibiría apoyo del estado cubano para realizar sus películas. Paradójicamente, esta prohibición y rechazo de sus películas lo han convertido en una figura mítica del cine alternativo cubano y en un director de culto en festivales y eventos internacionales, lo cual lo motivado para seguir rodando.
Sin embargo, el cine de Molina va mucho más allá de escenas abiertamente eróticas y transgresoras. Su estilo no es fácil ni simplista; por el contrario, tiene una visión bastante profunda y compleja del lado prohibido de los seres humanos: “Me gustan las historias sobre el lado oscuro del hombre, como un terremoto que sube”, cuenta Molina quien es bastante austero en sus palabras. Por ejemplo, en “Molina’s Test”, una pareja sale de vacaciones en un auto y por el camino pierde la ruta. Llegan a una casa en medio de la nada en donde son recibidos por unos extraños “seudo-chinos¬”: el Señor Wong y Madame Tsu. Sus anfitriones les convertirán la vida en una pesadilla y los harán confrontar su propia sexualidad y vínculos amorosos.
Contada de esta manera suena como la típica “road movie” de terror. No obstante, Molina se vale del gore, del cine de horror clásico, el comic y el slow motion para transformar a sus personajes en monstruos tan delirantes como bizarros. Además, usa elementos como la cita, la parodia o el guiño en personajes como Madame Tsu que rememora a los típicos villanos chinos de las películas norteamericanas de la llamada Serie B. Solo que en este caso el estereotipo de geisha está vestida con un kimono atroz, tiene uñas de 5 cm, chupa los alimentos y sodomiza al Señor Wong con un gran pepino. Estas escenas, además, suceden en escenarios oníricos en donde el límite entre la realidad y la fantasía se cruzan todo el tiempo. Nunca sabemos si la pareja está alucinando —“producto de una indigestión de restaurante chino” — o si realmente está siendo víctima de sus propios miedos. Al final, la pareja se salva pero el futuro de su amor queda en el vacío al confrontarse con la pregunta del Señor Wong: “¿Qué serían capaces de hacer ustedes el uno por el otro?”.
Lo que en la superficie se vería como una película anodina con influencias del cine de Hong Kong y algo de softcore, en realidad es una mirada profunda a la fragilidad de las relaciones humanas. Debajo del “disfraz” del montaje, las historias de Molina se complican mientras más profundo se les mire. Tal vez lo misterioso del asunto esté en las múltiples referencias al cine universal con las que juega todo el tiempo Molina— quien es un profundo conocedor de cineastas tan disímiles como Lucio Fulci, John Woo, Alejandro Jodorowsky, Billy Wilder o la tradición underground norteamericana—. De hecho, muchos de los críticos que hablan de su obra se sienten incapaces de definirla y se limitan a comparar su estilo con directores de cine de terror como Jess Franco o Xé do Caixao.
Es esta “erudición” la que provoca que sus detractores no puedan decir que sus películas son mediocres, redundantes o básicas. Solo pueden limitarse a condenarlas al ostracismo y a la exclusión de las secciones competitivas en los festivales cinematográficos de Cuba. A pesar de esta exclusión en su propio país se ha mantenido independiente, realizando el cine que le interesa y ante todo: “fiel a la integridad de su propia imaginación”. Jorge Molina nunca olvida cuando pequeño su madre lo llevó a uno de los cinco cines existentes en su pueblo natal, Palma Soriano, a ver “Los malos duermen bien” de Akira Kurosawa, y a partir de ahí supo que dedicaría su vida a hacer cine. Y no cualquier cine, uno que hablará sobre las pasiones ocultas del hombre: “Si crees en tu verdad sigues sino empiezas a flaquear”, afirma con convencimiento de causa.
Es esta posición la que ha suscitado que sus películas clasifiquen solo como “Hechas en Cuba” pero no como “representativas del cine latinoamericano”. A pesar de que todas suceden en La Habana o en otras partes de la geografía cubana y muestran problemas que se viven cotidianamente como los abusos del turismo, la doble moneda, el jineterísmo, etc. Molina podría entrar dentro de la ola de directores del llamado cine cubano si sus películas mantuvieran este tono de “denuncia política” o conflictos sociales. Lo que empieza a ocurrir luego de los tres primeros minutos de comenzadas lo excluye de toda regla. Así como también rompe cualquier medida de “censurado” cada vez que exhibe una película y los espectadores cubanos no caben en el local donde haya sido programada.
¿Director incomprendido?... Tal vez su primer largometraje “Molina´s Feroz”, versión libérrima del cuento La caperucita roja de Charles Perrault y manifiesto homenaje a La bestia, de Walerian Borowczyk (1923-2006) tenga la respuesta. Molina rinde tributo a este director polaco acusado de “pornógrafo con intereses artísticos” por el contenido provocador que tuvieron sus películas. Borowczyk fue animador, grafista, escritor y sobre todo cineasta, dotado de una “imaginación fulgurante” como de él dijo André Breton. Tanto la tragedia de Molina como la de Borowczyk podrían coincidir con lo que dice uno de los personajes del mediometraje “Molina’s Mofo” (2008): “Si tratamos de analizar la obra de un cineasta, de clase Z a falta de otra letra del alfabeto, el mejor comentario es el silencio… Porque epistemológicamente hablando, tú amas el cine pero el cine evidentemente no te ama a ti en lo absoluto”. Amanecerá y veremos.
ENTREVISTA A JORGE MOLINA
Por: Natalia Chinchilla
Nat Chinchilla: ¿Te has mantenido en una línea independiente, sin apoyo del estado cubano, situación que dificulta aún más el hacer películas. Entonces, ¿cómo has podido hacer cine hasta hoy?
Molina: ¡With the little help from my friends! Piensa que desde que apareció Molina´s Culpa en 1992 ya sabía que las cosas no iban a ser fáciles. Para un joven realizador con una pasión desmedida por el cine gore, el porno, el thriller psicológico, el comic, etc. y queriendo reflejar todo eso en sus trabajos, alejándose de cualquier tratamiento realista contemporáneo ya la suerte estaba echada. Yo no era una cantera confiable, al menos no representaba el cine que se quería hacer o el que se hacía en Cuba. Así que decidí seguir solo, trabajando con presupuestos ínfimos y con ayuda de gente que me apreciaba y confiaba en mí. Yo solo quería contar historias, las que me gustaban y a mi manera, la única forma de hacerlo era esa, de forma alternativa.
N. C.: A partir de Molina’s Culpa empieza a tejerse un “mito” en las calles cubanas alrededor de las temáticas transgresoras de tus películas. ¿Qué piensas de calificativos como “soft porn” o bizarro?
M.: No entiendo por qué la crítica en todos lados acostumbra a sectarizar y a anatemizar las películas. El cine es CINE sea cualquier género. Es como algo que siempre pienso acerca de las etiquetas de los festivales: festival de cine gay, festival de cine bizarro, festival de cine social, ¡qué carajo es eso! El cine es cine y punto, y pueden confluir cuantas películas existan de temáticas diferentes. Yo hago cine —o para llamarlo de manera más postmoderna, hago audiovisuales— muy referenciales que homenajean todo ese cine y los géneros que me gustan. Si no lo pueden sentir así y hay que clasificarlo de alguna manera, lo llaman bizarro o soft porn pues entonces ¡que viva el bizarro y el softcore! Recuerda que lo pornográfico para unos, es el erotismo para otros. ¡Qué se le va a hacer!
N.C.: Sin embargo, hasta hoy, ninguno de los críticos ha podido definirte dentro de un movimiento sino que se limitan a compararte con autores como Jess Franco o José Mojica Marins para ubicarte en algún género. ¿Crees que esta dificultad se debe a una cuestión de originalidad o de complejidad en tu estilo cinematográfico?
M.: Ser original es tan difícil en estos tiempos… El cine quizás es el arte más joven, solo tiene ciento quince años, y, a la vez, es el que ha envejecido más rápido. Todo está hecho o casi hecho; ya no hay nada que inventar, más bien hay que reinventarlo. Tuvo cuatro grandes nombres renovadores: Griffith, Eisenstein, Welles y Godard; después casi todo ha sido repetir lo ya hecho, por eso ser original es casi imposible. Lo importante es cómo contar las historias, aplicando las fórmulas de los maestros, pero redimensionándolas a un nivel que parezca que estás contando algo nuevo. Piensa en Tarantino, lo que él hace es un refrito de todo el cine que vio y le gustó, pero lo cuenta tan bien que parece nuevo. Es más o menos lo que hace la gente con talento. En mi caso, quizás por contar historias no comunes por estos lares, más si están bien rodadas y con cierto empaque, quizás eso es lo que turba a los “especialistas”. No existe tal complejidad, solo que se acostumbraron a un cine tan falto de todo que cuando ven algo así les produce una especie de cortocircuito y es más fácil compararte con alguien foráneo que reconocer que tienes algo novedoso entre las manos en tu propio patio.
N.C.: Leí que la primera película que viste en tu vida fue Los malos duermen bien y que ahí decidiste dedicar tu vida a hacer cine. Por otro lado, toda tu filmografía está dedicada a explicar el lado oscuro del hombre. Desde tu visión como director, ¿qué es lo más fascinante que encuentras en transgredir la norma, lo establecido y lo “correcto”?
M.: Los malos duermen bien no fue la primera película pero fue la que realmente me marcó, la que metió el bichito del cine en mi, eso fue en Palma Soriano, el pueblo donde nací. La primera película que vi, está entre Latitud Cero de Ishirô Honda o Sink The Bismarck! de Lewis Gilbert . El asunto no es ser trasgresor porque sí, por llamar la atención. Todo arte debe ser arriesgado, revolucionario, transformador, contra corriente, es algo dialéctico, sino, hay un estancamiento, una inmovilidad. Siempre, las normas, las reglas, están asociadas a lo conservador, a lo represor, a la censura. Siempre hay una figura o un ente que se erige Dios y que prohíbe o censura en nombre de la sociedad, de la gente, de la patria, del buen gusto, de las buenas costumbres, de que aún el publico no está preparado, y esto y lo otro y bla, bla, bla; detrás de eso hay siempre una doble moral, el que censura sí puede hacer, ver y consumir todo, él si está preparado y es inmune a cualquier “influencia” o “penetración”: es un ser superior o pertenece a unos pocos elegidos, los otros no, los demás podrían “desviarse”, salirse del camino, no entender. Es un total desprecio hacia el otro y ese otro, en el caso del cine, es el público. Es algo tan hipócrita, tan lamentable… Odio la censura y a los censores. La clave de todo es ir con tu verdad, con tu arte, con lo que sientes que es correcto. Uno tiene que seguir sus instintos hasta el final; todo eso, en buena lid, sin dañar a nadie por el camino, ni traicionar a nadie, mientras tu arte sea puro no hay por qué tener miedo, incomprensiones siempre habrá, es parte de la historia del arte y de los artistas desde que el hombre apareció en la Tierra. Mis trabajos son viscerales y no exentos de provocación. Todo arte honesto debe serlo. Y eso es lo fascinante del asunto.
N.C.: Algo muy importante de tu mirada es que te vales de elementos como la fantasía, el cine de horror, el comic, el gore y, además, las mezclas con referencias al cine universal a través del guiño, la cita y la parodia. Y todo lo anterior va titulado siempre con tu apellido. En tus propias palabras, ¿podrías hablar un poco de tu estilo al hacer cine?
M.: Reitero que un realizador se forma viendo y haciendo películas. Pues mi estilo —si se pudiera hablar de un estilo Molina— es un estilo referencial. Consiste en aplicar a mis historias y a mis puestas en escena, todo lo visto a lo largo de mi vida en el cine, todas esas películas de género que amé y amo, todo eso ligado a una intuición para poner la cámara donde va según la historia que se cuenta. Eso es algo que se siente, sale de las entrañas, del corazón, y me ocurre estando en la locación. Con el talento se nace, no se aprende en ninguna escuela, todas las películas que vi, han sido mi verdadera escuela. En eso podría resumir el estilo Molina.
N.C.: A pesar del elemento fantástico y onírico de tus películas, expones situaciones como los abusos del turismo o las realidades tan contrastadas que esto genera como sucede en Molina’s Test. ¿Sientes un compromiso político o consideras que es un tema del que el cine no puede desprenderse?
M.: Generalmente trato de desprenderme de mi realidad inmediata, no me interesa reflejarla en el audiovisual. Ha pasado que en dos o tres trabajos —Test, Mofo y El hombre que hablaba con Marte— hago alusión a la prostitución pero solo en el primero de estos se menciona al principio muy rápido como un fenómeno actual. La película comienza en clave realista y es verdad que el que la ve puede pensar que es cine realista contemporáneo, pero es solo en los primeros minutos como una pincelada casi inadvertida que se observa a una jinetera en una moto, uno de los personajes habla de que gana más alquilando su moto a extranjeros, etc. Cinco minutos después la historia da un giro de 180 grados hacia el género fantástico y priman más los rincones oscuros del ser humano en clave de pesadilla que el realismo en sí.
En las otras dos, Mofo y El hombre…, es un tema recurrente pero las historias ocurren en mundos distópicos y tampoco la prostitución o el jineterismo para decirlo en buen cubano es el tema central. Estas son historias que rozan lo fantástico, lo terrorífico, lo sexual, lo psicológico, lo romántico, lo poético, la eterna lucha entre el bien y el mal; o sea, la esencia del ser humano. No existe nada político en ello, aunque los estudiosos dirían que todo arte es político y que es muy difícil desligarse de eso, además, siempre va a haber alguien que le busque la quintaesencia a la historia, alguien que siempre quiere ver más allá de lo que realmente hay, oportunistas que quieren ganar puntos, mentes retorcidas de las que tanto abundan en nuestro planeta. Así de simple y así de desmesurado como diría el Gabo.
N.C.: Hablemos un poco de las actrices de tus películas, mujeres desbordadas de sensualidad y erotismo en escenas abiertamente sexuales. Esto es poco común en el cine cubano. ¿cómo fue el proceso de dirigir estas actrices?
M.: Una historia potente y diferente es lo principal. La confianza y el respeto son básicos. En Cuba existen muy buenos actores y actrices. Gente que trabaja bastante pero a quienes generalmente no les ofrecen historias arriesgadas, entonces cuando te apareces con guiones que pueden constituir un reto para ellos como actores y para ti como realizador ya hay un sesenta por ciento de la batalla ganada. Después viene la compenetración, la familiaridad, el enamoramiento y la fascinación entre director actor/actriz y ya el trabajo fluye. He tenido la suerte de trabajar con actrices muy bellas, muy talentosas y con un nivel de riesgo alto. Me considero muy afortunado.
N.C.: A pesar de no haber recibido apoyo por parte del estado y de ser abucheado por algunos críticos, ofendidos por tu opinión abierta sobre las pasiones humanas, nadie ha calificado tu obra como “superficial” o “banal”. ¿Te da miedo convertirte en el “director incomprendido”, al que solo se le reconoce su obra después de que muere?
M.: Te confieso que ante todo yo trabajo para mí. Me gustan mucho mis trabajos y los quiero a todos por igual. Si al público le gusta, buenísimo, si no es su problema, no mío. Los críticos son una raza muy extraña, inquietante, no sé. Tengo varios amigos que ejercen la crítica y —con perdón de ellos—, de mis amigos, en la crítica hay un poco de todo, en muchos críticos existe cierta tendencia a la malignidad y el ensañamiento con la obra artística. Por eso suscribo esa socorrida expresión de que tras un crítico existe un artista frustrado, y si es de cine, un realizador. Considero que los críticos son una raza eunuca, incapaces la mayoría de atreverse a rodar un metraje decente, solo en honrosas excepciones algunos se han pasado al cine con buenos resultados. Y quizás estos no hayan sido buenos en su carrera como críticos. Aunque esto no tiene necesariamente que ser una regla o un proceso evolutivo. Nunca he buscado el reconocimiento de nada ni de nadie, si este reconocimiento aparece en vida, genial, si es después de muerto, también. Mis hijas irán a los homenajes que se me hagan y quizás hasta manejen una fundación con mi nombre. Y si el reconocimiento no aparece nunca, qué más da, lo importante es filmar.
N.C.: Paradójicamente la pregunta anterior se refiere solo al público “político y burocrático” del cine, pues tengo entendido que has llenado los locales donde se han presentado tus películas. ¿Cómo te inspira el reconocimiento del público frente a tu trabajo?
M.: Como te dije antes, si al público le gusta, genial. Para mí lo inspirador es cuando los jóvenes de las universidades, los cine clubes, los estudiantes de cine, confrontan mi obra conmigo. Eso es lo que inspira, cosas como que tú, de alguna manera, constituyas un referente para ellos. Solo por eso vale la pena hacerlo.
N.C.: Molina’s Ferozz, tu primer largometraje, es un homenaje a Borowczyk. ¿Es Molina el alter ego de Borowczyk o al contrario?
M.: No lo creo, Borowczyk era como un hombre del Renacimiento, de los que ya no existen y a mí me faltan muchos años luz para alcanzarlo.
Retorno al ciberespacio en el 2010. Regreso en estos finales de enero para contarles que Molina´s Ferozz va tomando forma en la etapa de postproducción de sonido y ya tiene fecha de estreno para marzo durante el Taller Nacional de la Crítica en Camaguey donde se hará una muestra retrospectiva de mi obra. ¡A ver qué coño dicen los críticos de la película! Hoy vió el work in progress el periodista, escritor y realizador español Juan Madrid y exclamó: ¡GENIAAAALLL!
A continuación paso a compartir con ustedes un artículo seguido de una entrevista que me hizo la periodista y fotógrafa colombiana Nat Chinchilla para El ESPECTADOR, donde no fue publicado por no se que razón. Ahora yo lo publico aquí con la autorización de su autora, por supuesto.
MOLINA: DESBORDADO EN LO PROHIBIDO
Por: Natalia Chinchilla
Jorge Molina es el único director de cine bizarro en Cuba y al que tal vez se le ha negado todo apoyo económico en su país pues es el primero en mostrar el sexo explícitamente, teniendo en cuenta que en Cuba la pornografía se considera un delito.
“La frontera entre el cine pornográfíco y el llamado cine “normal” se rompió a partir de la aparición de "El Imperio de los sentidos"(Japón-Francia 1976) de Oshima y a mi nadie ha venido a detenerme”, dice Molina mientras se ríe cuando le comento los rumores que corren a su paso. Desde que presentó su primer corto en el 92: “Molina’s Culpa” —bastante transgresor como para escandalizar al más piadoso de los críticos— supo que nunca recibiría apoyo del estado cubano para realizar sus películas. Paradójicamente, esta prohibición y rechazo de sus películas lo han convertido en una figura mítica del cine alternativo cubano y en un director de culto en festivales y eventos internacionales, lo cual lo motivado para seguir rodando.
Sin embargo, el cine de Molina va mucho más allá de escenas abiertamente eróticas y transgresoras. Su estilo no es fácil ni simplista; por el contrario, tiene una visión bastante profunda y compleja del lado prohibido de los seres humanos: “Me gustan las historias sobre el lado oscuro del hombre, como un terremoto que sube”, cuenta Molina quien es bastante austero en sus palabras. Por ejemplo, en “Molina’s Test”, una pareja sale de vacaciones en un auto y por el camino pierde la ruta. Llegan a una casa en medio de la nada en donde son recibidos por unos extraños “seudo-chinos¬”: el Señor Wong y Madame Tsu. Sus anfitriones les convertirán la vida en una pesadilla y los harán confrontar su propia sexualidad y vínculos amorosos.
Contada de esta manera suena como la típica “road movie” de terror. No obstante, Molina se vale del gore, del cine de horror clásico, el comic y el slow motion para transformar a sus personajes en monstruos tan delirantes como bizarros. Además, usa elementos como la cita, la parodia o el guiño en personajes como Madame Tsu que rememora a los típicos villanos chinos de las películas norteamericanas de la llamada Serie B. Solo que en este caso el estereotipo de geisha está vestida con un kimono atroz, tiene uñas de 5 cm, chupa los alimentos y sodomiza al Señor Wong con un gran pepino. Estas escenas, además, suceden en escenarios oníricos en donde el límite entre la realidad y la fantasía se cruzan todo el tiempo. Nunca sabemos si la pareja está alucinando —“producto de una indigestión de restaurante chino” — o si realmente está siendo víctima de sus propios miedos. Al final, la pareja se salva pero el futuro de su amor queda en el vacío al confrontarse con la pregunta del Señor Wong: “¿Qué serían capaces de hacer ustedes el uno por el otro?”.
Lo que en la superficie se vería como una película anodina con influencias del cine de Hong Kong y algo de softcore, en realidad es una mirada profunda a la fragilidad de las relaciones humanas. Debajo del “disfraz” del montaje, las historias de Molina se complican mientras más profundo se les mire. Tal vez lo misterioso del asunto esté en las múltiples referencias al cine universal con las que juega todo el tiempo Molina— quien es un profundo conocedor de cineastas tan disímiles como Lucio Fulci, John Woo, Alejandro Jodorowsky, Billy Wilder o la tradición underground norteamericana—. De hecho, muchos de los críticos que hablan de su obra se sienten incapaces de definirla y se limitan a comparar su estilo con directores de cine de terror como Jess Franco o Xé do Caixao.
Es esta “erudición” la que provoca que sus detractores no puedan decir que sus películas son mediocres, redundantes o básicas. Solo pueden limitarse a condenarlas al ostracismo y a la exclusión de las secciones competitivas en los festivales cinematográficos de Cuba. A pesar de esta exclusión en su propio país se ha mantenido independiente, realizando el cine que le interesa y ante todo: “fiel a la integridad de su propia imaginación”. Jorge Molina nunca olvida cuando pequeño su madre lo llevó a uno de los cinco cines existentes en su pueblo natal, Palma Soriano, a ver “Los malos duermen bien” de Akira Kurosawa, y a partir de ahí supo que dedicaría su vida a hacer cine. Y no cualquier cine, uno que hablará sobre las pasiones ocultas del hombre: “Si crees en tu verdad sigues sino empiezas a flaquear”, afirma con convencimiento de causa.
Es esta posición la que ha suscitado que sus películas clasifiquen solo como “Hechas en Cuba” pero no como “representativas del cine latinoamericano”. A pesar de que todas suceden en La Habana o en otras partes de la geografía cubana y muestran problemas que se viven cotidianamente como los abusos del turismo, la doble moneda, el jineterísmo, etc. Molina podría entrar dentro de la ola de directores del llamado cine cubano si sus películas mantuvieran este tono de “denuncia política” o conflictos sociales. Lo que empieza a ocurrir luego de los tres primeros minutos de comenzadas lo excluye de toda regla. Así como también rompe cualquier medida de “censurado” cada vez que exhibe una película y los espectadores cubanos no caben en el local donde haya sido programada.
¿Director incomprendido?... Tal vez su primer largometraje “Molina´s Feroz”, versión libérrima del cuento La caperucita roja de Charles Perrault y manifiesto homenaje a La bestia, de Walerian Borowczyk (1923-2006) tenga la respuesta. Molina rinde tributo a este director polaco acusado de “pornógrafo con intereses artísticos” por el contenido provocador que tuvieron sus películas. Borowczyk fue animador, grafista, escritor y sobre todo cineasta, dotado de una “imaginación fulgurante” como de él dijo André Breton. Tanto la tragedia de Molina como la de Borowczyk podrían coincidir con lo que dice uno de los personajes del mediometraje “Molina’s Mofo” (2008): “Si tratamos de analizar la obra de un cineasta, de clase Z a falta de otra letra del alfabeto, el mejor comentario es el silencio… Porque epistemológicamente hablando, tú amas el cine pero el cine evidentemente no te ama a ti en lo absoluto”. Amanecerá y veremos.
ENTREVISTA A JORGE MOLINA
Por: Natalia Chinchilla
Nat Chinchilla: ¿Te has mantenido en una línea independiente, sin apoyo del estado cubano, situación que dificulta aún más el hacer películas. Entonces, ¿cómo has podido hacer cine hasta hoy?
Molina: ¡With the little help from my friends! Piensa que desde que apareció Molina´s Culpa en 1992 ya sabía que las cosas no iban a ser fáciles. Para un joven realizador con una pasión desmedida por el cine gore, el porno, el thriller psicológico, el comic, etc. y queriendo reflejar todo eso en sus trabajos, alejándose de cualquier tratamiento realista contemporáneo ya la suerte estaba echada. Yo no era una cantera confiable, al menos no representaba el cine que se quería hacer o el que se hacía en Cuba. Así que decidí seguir solo, trabajando con presupuestos ínfimos y con ayuda de gente que me apreciaba y confiaba en mí. Yo solo quería contar historias, las que me gustaban y a mi manera, la única forma de hacerlo era esa, de forma alternativa.
N. C.: A partir de Molina’s Culpa empieza a tejerse un “mito” en las calles cubanas alrededor de las temáticas transgresoras de tus películas. ¿Qué piensas de calificativos como “soft porn” o bizarro?
M.: No entiendo por qué la crítica en todos lados acostumbra a sectarizar y a anatemizar las películas. El cine es CINE sea cualquier género. Es como algo que siempre pienso acerca de las etiquetas de los festivales: festival de cine gay, festival de cine bizarro, festival de cine social, ¡qué carajo es eso! El cine es cine y punto, y pueden confluir cuantas películas existan de temáticas diferentes. Yo hago cine —o para llamarlo de manera más postmoderna, hago audiovisuales— muy referenciales que homenajean todo ese cine y los géneros que me gustan. Si no lo pueden sentir así y hay que clasificarlo de alguna manera, lo llaman bizarro o soft porn pues entonces ¡que viva el bizarro y el softcore! Recuerda que lo pornográfico para unos, es el erotismo para otros. ¡Qué se le va a hacer!
N.C.: Sin embargo, hasta hoy, ninguno de los críticos ha podido definirte dentro de un movimiento sino que se limitan a compararte con autores como Jess Franco o José Mojica Marins para ubicarte en algún género. ¿Crees que esta dificultad se debe a una cuestión de originalidad o de complejidad en tu estilo cinematográfico?
M.: Ser original es tan difícil en estos tiempos… El cine quizás es el arte más joven, solo tiene ciento quince años, y, a la vez, es el que ha envejecido más rápido. Todo está hecho o casi hecho; ya no hay nada que inventar, más bien hay que reinventarlo. Tuvo cuatro grandes nombres renovadores: Griffith, Eisenstein, Welles y Godard; después casi todo ha sido repetir lo ya hecho, por eso ser original es casi imposible. Lo importante es cómo contar las historias, aplicando las fórmulas de los maestros, pero redimensionándolas a un nivel que parezca que estás contando algo nuevo. Piensa en Tarantino, lo que él hace es un refrito de todo el cine que vio y le gustó, pero lo cuenta tan bien que parece nuevo. Es más o menos lo que hace la gente con talento. En mi caso, quizás por contar historias no comunes por estos lares, más si están bien rodadas y con cierto empaque, quizás eso es lo que turba a los “especialistas”. No existe tal complejidad, solo que se acostumbraron a un cine tan falto de todo que cuando ven algo así les produce una especie de cortocircuito y es más fácil compararte con alguien foráneo que reconocer que tienes algo novedoso entre las manos en tu propio patio.
N.C.: Leí que la primera película que viste en tu vida fue Los malos duermen bien y que ahí decidiste dedicar tu vida a hacer cine. Por otro lado, toda tu filmografía está dedicada a explicar el lado oscuro del hombre. Desde tu visión como director, ¿qué es lo más fascinante que encuentras en transgredir la norma, lo establecido y lo “correcto”?
M.: Los malos duermen bien no fue la primera película pero fue la que realmente me marcó, la que metió el bichito del cine en mi, eso fue en Palma Soriano, el pueblo donde nací. La primera película que vi, está entre Latitud Cero de Ishirô Honda o Sink The Bismarck! de Lewis Gilbert . El asunto no es ser trasgresor porque sí, por llamar la atención. Todo arte debe ser arriesgado, revolucionario, transformador, contra corriente, es algo dialéctico, sino, hay un estancamiento, una inmovilidad. Siempre, las normas, las reglas, están asociadas a lo conservador, a lo represor, a la censura. Siempre hay una figura o un ente que se erige Dios y que prohíbe o censura en nombre de la sociedad, de la gente, de la patria, del buen gusto, de las buenas costumbres, de que aún el publico no está preparado, y esto y lo otro y bla, bla, bla; detrás de eso hay siempre una doble moral, el que censura sí puede hacer, ver y consumir todo, él si está preparado y es inmune a cualquier “influencia” o “penetración”: es un ser superior o pertenece a unos pocos elegidos, los otros no, los demás podrían “desviarse”, salirse del camino, no entender. Es un total desprecio hacia el otro y ese otro, en el caso del cine, es el público. Es algo tan hipócrita, tan lamentable… Odio la censura y a los censores. La clave de todo es ir con tu verdad, con tu arte, con lo que sientes que es correcto. Uno tiene que seguir sus instintos hasta el final; todo eso, en buena lid, sin dañar a nadie por el camino, ni traicionar a nadie, mientras tu arte sea puro no hay por qué tener miedo, incomprensiones siempre habrá, es parte de la historia del arte y de los artistas desde que el hombre apareció en la Tierra. Mis trabajos son viscerales y no exentos de provocación. Todo arte honesto debe serlo. Y eso es lo fascinante del asunto.
N.C.: Algo muy importante de tu mirada es que te vales de elementos como la fantasía, el cine de horror, el comic, el gore y, además, las mezclas con referencias al cine universal a través del guiño, la cita y la parodia. Y todo lo anterior va titulado siempre con tu apellido. En tus propias palabras, ¿podrías hablar un poco de tu estilo al hacer cine?
M.: Reitero que un realizador se forma viendo y haciendo películas. Pues mi estilo —si se pudiera hablar de un estilo Molina— es un estilo referencial. Consiste en aplicar a mis historias y a mis puestas en escena, todo lo visto a lo largo de mi vida en el cine, todas esas películas de género que amé y amo, todo eso ligado a una intuición para poner la cámara donde va según la historia que se cuenta. Eso es algo que se siente, sale de las entrañas, del corazón, y me ocurre estando en la locación. Con el talento se nace, no se aprende en ninguna escuela, todas las películas que vi, han sido mi verdadera escuela. En eso podría resumir el estilo Molina.
N.C.: A pesar del elemento fantástico y onírico de tus películas, expones situaciones como los abusos del turismo o las realidades tan contrastadas que esto genera como sucede en Molina’s Test. ¿Sientes un compromiso político o consideras que es un tema del que el cine no puede desprenderse?
M.: Generalmente trato de desprenderme de mi realidad inmediata, no me interesa reflejarla en el audiovisual. Ha pasado que en dos o tres trabajos —Test, Mofo y El hombre que hablaba con Marte— hago alusión a la prostitución pero solo en el primero de estos se menciona al principio muy rápido como un fenómeno actual. La película comienza en clave realista y es verdad que el que la ve puede pensar que es cine realista contemporáneo, pero es solo en los primeros minutos como una pincelada casi inadvertida que se observa a una jinetera en una moto, uno de los personajes habla de que gana más alquilando su moto a extranjeros, etc. Cinco minutos después la historia da un giro de 180 grados hacia el género fantástico y priman más los rincones oscuros del ser humano en clave de pesadilla que el realismo en sí.
En las otras dos, Mofo y El hombre…, es un tema recurrente pero las historias ocurren en mundos distópicos y tampoco la prostitución o el jineterismo para decirlo en buen cubano es el tema central. Estas son historias que rozan lo fantástico, lo terrorífico, lo sexual, lo psicológico, lo romántico, lo poético, la eterna lucha entre el bien y el mal; o sea, la esencia del ser humano. No existe nada político en ello, aunque los estudiosos dirían que todo arte es político y que es muy difícil desligarse de eso, además, siempre va a haber alguien que le busque la quintaesencia a la historia, alguien que siempre quiere ver más allá de lo que realmente hay, oportunistas que quieren ganar puntos, mentes retorcidas de las que tanto abundan en nuestro planeta. Así de simple y así de desmesurado como diría el Gabo.
N.C.: Hablemos un poco de las actrices de tus películas, mujeres desbordadas de sensualidad y erotismo en escenas abiertamente sexuales. Esto es poco común en el cine cubano. ¿cómo fue el proceso de dirigir estas actrices?
M.: Una historia potente y diferente es lo principal. La confianza y el respeto son básicos. En Cuba existen muy buenos actores y actrices. Gente que trabaja bastante pero a quienes generalmente no les ofrecen historias arriesgadas, entonces cuando te apareces con guiones que pueden constituir un reto para ellos como actores y para ti como realizador ya hay un sesenta por ciento de la batalla ganada. Después viene la compenetración, la familiaridad, el enamoramiento y la fascinación entre director actor/actriz y ya el trabajo fluye. He tenido la suerte de trabajar con actrices muy bellas, muy talentosas y con un nivel de riesgo alto. Me considero muy afortunado.
N.C.: A pesar de no haber recibido apoyo por parte del estado y de ser abucheado por algunos críticos, ofendidos por tu opinión abierta sobre las pasiones humanas, nadie ha calificado tu obra como “superficial” o “banal”. ¿Te da miedo convertirte en el “director incomprendido”, al que solo se le reconoce su obra después de que muere?
M.: Te confieso que ante todo yo trabajo para mí. Me gustan mucho mis trabajos y los quiero a todos por igual. Si al público le gusta, buenísimo, si no es su problema, no mío. Los críticos son una raza muy extraña, inquietante, no sé. Tengo varios amigos que ejercen la crítica y —con perdón de ellos—, de mis amigos, en la crítica hay un poco de todo, en muchos críticos existe cierta tendencia a la malignidad y el ensañamiento con la obra artística. Por eso suscribo esa socorrida expresión de que tras un crítico existe un artista frustrado, y si es de cine, un realizador. Considero que los críticos son una raza eunuca, incapaces la mayoría de atreverse a rodar un metraje decente, solo en honrosas excepciones algunos se han pasado al cine con buenos resultados. Y quizás estos no hayan sido buenos en su carrera como críticos. Aunque esto no tiene necesariamente que ser una regla o un proceso evolutivo. Nunca he buscado el reconocimiento de nada ni de nadie, si este reconocimiento aparece en vida, genial, si es después de muerto, también. Mis hijas irán a los homenajes que se me hagan y quizás hasta manejen una fundación con mi nombre. Y si el reconocimiento no aparece nunca, qué más da, lo importante es filmar.
N.C.: Paradójicamente la pregunta anterior se refiere solo al público “político y burocrático” del cine, pues tengo entendido que has llenado los locales donde se han presentado tus películas. ¿Cómo te inspira el reconocimiento del público frente a tu trabajo?
M.: Como te dije antes, si al público le gusta, genial. Para mí lo inspirador es cuando los jóvenes de las universidades, los cine clubes, los estudiantes de cine, confrontan mi obra conmigo. Eso es lo que inspira, cosas como que tú, de alguna manera, constituyas un referente para ellos. Solo por eso vale la pena hacerlo.
N.C.: Molina’s Ferozz, tu primer largometraje, es un homenaje a Borowczyk. ¿Es Molina el alter ego de Borowczyk o al contrario?
M.: No lo creo, Borowczyk era como un hombre del Renacimiento, de los que ya no existen y a mí me faltan muchos años luz para alcanzarlo.
lunes, 28 de diciembre de 2009
MOLINEANDO 2 Y MEDIO Y UN CUARTO: ECOS DEL FESTIVAL PART 2
Después de mi entrada de ayer sobre los ecos del último festival de la Habana, revisando mi correo electrónico para hacer una limpieza encontré este e-mail enviado por uno de mis estudiantes de primer año de la Facultad de los Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte de la Habana; Este estudiante de nombre Reinel quiere ser director, es un muchacho inteligente amante del buen cine de cualquier género, un poco testarudo, pero buen estudiante y muy interesado en aprender. Pues resulta ser que él me envía este correo sobre el festival que pongo a consideración de ustedes...
Hola Molina:
He sabido de los resultados del Festival, y presté especial atención a Latinoamérica 1ra Copia y, si ya me he sentido decepcionado en ediciones anteriores del festival, esta no se quedó atrás. Nuevamente estos hijos de puta siguen hablando muy bonito del buen cine latinoamericano y los premios y las películas que ponen se cagan en esto. Nuevamente veo el mismo estereotipo de premiar películas donde hay niños pobres, hambre, miseria, desolación y todo lo que estamos cansados de ver aquí, todo porque al primer mundo le interesa ver eso y piensa que no somos capaces de contar otras historias. Lo que hicieron con los premios, con 1ra copia, con lo de guión inédito, demuestra una vez más lo podridos que están esta gente de la “industria”. Me hubiera gustado ver tu película en San Antonio, mas nadie tuvo la delicadeza de avisarme a tiempo, pero confío en ti como director y me parece que no deberías dejarte abatir por estos burócratas de pacotilla que no saben nada de cine, pienso que si tienes algo que merece ser visto, no se debe cejar en el empeño hasta que sea visto, o sea, tratar en otros festivales, o enviarla a donde haga falta, en algún lugar tiene que haber gente de la industria QUE LE GUSTE EL BUEN CINE, no?.
Saludos,
Reinel
Hola Molina:
He sabido de los resultados del Festival, y presté especial atención a Latinoamérica 1ra Copia y, si ya me he sentido decepcionado en ediciones anteriores del festival, esta no se quedó atrás. Nuevamente estos hijos de puta siguen hablando muy bonito del buen cine latinoamericano y los premios y las películas que ponen se cagan en esto. Nuevamente veo el mismo estereotipo de premiar películas donde hay niños pobres, hambre, miseria, desolación y todo lo que estamos cansados de ver aquí, todo porque al primer mundo le interesa ver eso y piensa que no somos capaces de contar otras historias. Lo que hicieron con los premios, con 1ra copia, con lo de guión inédito, demuestra una vez más lo podridos que están esta gente de la “industria”. Me hubiera gustado ver tu película en San Antonio, mas nadie tuvo la delicadeza de avisarme a tiempo, pero confío en ti como director y me parece que no deberías dejarte abatir por estos burócratas de pacotilla que no saben nada de cine, pienso que si tienes algo que merece ser visto, no se debe cejar en el empeño hasta que sea visto, o sea, tratar en otros festivales, o enviarla a donde haga falta, en algún lugar tiene que haber gente de la industria QUE LE GUSTE EL BUEN CINE, no?.
Saludos,
Reinel
domingo, 27 de diciembre de 2009
MOLINEANDO 3 y medio:ECOS DEL FESTIVAL DE LA HABANA
Hola mis amigos!!!
Estaba un poco alejado del blog, debe ser el stress de aún no poder terminar la película.
Les cuento que durante el festival de la Habana lo único que hice fue trabajar trayendo la cultura y el intercambio a la EICTV, buscando realizadores para que visitaran mi querida escuela de cine, el lugar donde me gano el pan, porque vivir de hacer cine , ni soñarlo! Nada, que traje a Curtis Hanson, un director bastante solvente que tiene algunos thrillers bastante buenos y una gran película, ese neo noir que es L.A. COMFIDENTIAL y guionista de un policial canadiense que me gustó mucho cuando yo era niño, THE SILENT PARTNER con Elliot Gould y Christopher Plummer. Qué les diré. El pobre Curtis estaba solo en la sala conmigo y dos o tres ilusos más ya que a los niñitos "cineastas" de aqui NO LES INTERESÓ UN CARAJO y así pasó con cuanta gente de cine traje a estos lares. Lo que pasa es que yo no me había dado cuenta que el cine lo "inventó" Tarantino(por cierto su última película me parece un poquito floja)y cualquier otro realizador ya es demodé!!! Me encontré en el Hotel Nacional con Gaspar Noé, presentaba su ultimo filme ENTER THE VOID que dura casi tres horas. Hablamos de venir a la escuela pero estaba con una agenda bastante cargada y me dijo que en el verano rodará algo en la Habana y que vendrá a la escuela a hacer algo. Bueno basta de farándula.
Mi película Molina´s Ferozz competía en la sección Latinoamérica Primera Copia, donde se busca financiamiento para terminar los trabajos o sea las películas de los "pobres" cineastas latinoamericanos. El día que me tocó presentar mi película frente al jurado, entramos a la sala mi editora Ilka, la productora Camelia y yo; le pedí a la productora que la presentara ella pero declinó a mi favor, argumentando que yo era más carismático, grave error. Miré al honorable jurado compuesto por seis miembros, creo que cuatro europeos(entre ellos un francés de Cannes) y dos latinoamericanos y les dije así: Si ustedes están bucando pornomiseria latinoamericana, o sea, niñitos sin zapatos, enfermos terminales que no pueden pagar sus tratamientos, mascoticas muertas y viejitos tomando sopa sentados en una mesa, esa no es mi película. Si ustedes cuando niños lloraron con Bambi, no les va a gustar mi película, ahora,si ustedes están buscando cine puro y duro hecho con las vísceras y con dos cojones, esa si es mi película. Soy Molina, el autor de Molina´s Ferozz, disfrútenla. De los seis jurados, solo uno entendió mi presentación(no era el francés) y reía a carcajadas, los demás me miraron con odio. Sobran las palabras. Sigo en la batalla, fajao con el proceso de mezcla y aplicando a otros fondos a ver si cae algo para el buen cine.
Chau!!!
Estaba un poco alejado del blog, debe ser el stress de aún no poder terminar la película.
Les cuento que durante el festival de la Habana lo único que hice fue trabajar trayendo la cultura y el intercambio a la EICTV, buscando realizadores para que visitaran mi querida escuela de cine, el lugar donde me gano el pan, porque vivir de hacer cine , ni soñarlo! Nada, que traje a Curtis Hanson, un director bastante solvente que tiene algunos thrillers bastante buenos y una gran película, ese neo noir que es L.A. COMFIDENTIAL y guionista de un policial canadiense que me gustó mucho cuando yo era niño, THE SILENT PARTNER con Elliot Gould y Christopher Plummer. Qué les diré. El pobre Curtis estaba solo en la sala conmigo y dos o tres ilusos más ya que a los niñitos "cineastas" de aqui NO LES INTERESÓ UN CARAJO y así pasó con cuanta gente de cine traje a estos lares. Lo que pasa es que yo no me había dado cuenta que el cine lo "inventó" Tarantino(por cierto su última película me parece un poquito floja)y cualquier otro realizador ya es demodé!!! Me encontré en el Hotel Nacional con Gaspar Noé, presentaba su ultimo filme ENTER THE VOID que dura casi tres horas. Hablamos de venir a la escuela pero estaba con una agenda bastante cargada y me dijo que en el verano rodará algo en la Habana y que vendrá a la escuela a hacer algo. Bueno basta de farándula.
Mi película Molina´s Ferozz competía en la sección Latinoamérica Primera Copia, donde se busca financiamiento para terminar los trabajos o sea las películas de los "pobres" cineastas latinoamericanos. El día que me tocó presentar mi película frente al jurado, entramos a la sala mi editora Ilka, la productora Camelia y yo; le pedí a la productora que la presentara ella pero declinó a mi favor, argumentando que yo era más carismático, grave error. Miré al honorable jurado compuesto por seis miembros, creo que cuatro europeos(entre ellos un francés de Cannes) y dos latinoamericanos y les dije así: Si ustedes están bucando pornomiseria latinoamericana, o sea, niñitos sin zapatos, enfermos terminales que no pueden pagar sus tratamientos, mascoticas muertas y viejitos tomando sopa sentados en una mesa, esa no es mi película. Si ustedes cuando niños lloraron con Bambi, no les va a gustar mi película, ahora,si ustedes están buscando cine puro y duro hecho con las vísceras y con dos cojones, esa si es mi película. Soy Molina, el autor de Molina´s Ferozz, disfrútenla. De los seis jurados, solo uno entendió mi presentación(no era el francés) y reía a carcajadas, los demás me miraron con odio. Sobran las palabras. Sigo en la batalla, fajao con el proceso de mezcla y aplicando a otros fondos a ver si cae algo para el buen cine.
Chau!!!
miércoles, 25 de noviembre de 2009
MOLI-MOLINEAAANDO: EL INDISCRETO ENCANTO DE MOLINA
Esta nota del prestigioso crítico de cine Luciano Castillo aparecerá en un libro sobre cine cubano en Italia y me gustaría compartirla con ustedes.
EL INDISCRETO ENCANTO DE MOLINA
por Luciano Castillo
Jorge Molina (Jorge Molina Enríquez), nació en Palma Soriano, actual provincia de Santiago de Cuba —y entonces provincia de Oriente—, el 5 de febrero de 1966. Con solo diecinueve años, gracias a unos cursos convocados por los hoy desaparecidos estudios cinematográficos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, durante quince meses estudió realización en el Instituto Estatal de Cine de Moscú (VGIK), en la última etapa de la Unión Soviética. A este período le atribuye el cineasta el rango de una experiencia de vida. De regreso a Cuba matriculó dirección en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, de la cual se graduó en 1992 como integrante de la tercera generación de «cineteleastas» formados allí. Su tesis de grado, el cortometraje Molina’s Culpa, es considerado como un «filme de culto». Desde 1997 ha desempeñado varias funciones en el área docente.
Su experiencia como actor en el cine profesional abarca apariciones en papeles episódicos en los filmes El plano (1993), de Julio García-Espinosa, Madagascar (1993), La vida es silbar (1998) y Madrigal (2006), dirigidos por de Fernando Pérez; Kleines Tropikana (1999) y Lisanka (2009), realizados por Daniel Díaz Torres y Miradas (2001), de Enrique Álvarez. Ha incursionado, además, en el video clip con los grupos vascos de rock Txapelpunk; Pim Pam Pum Band y Xagarroi, así como la agrupación cubana Cachy y su Cachiván.
Molina, que antepone su apellido en los títulos de la mayor parte de sus cortometrajes como una suerte de marca de fábrica, es el único cineasta cubano en explorar dentro del cine de género el cine fantástico y el horror aderezado con considerables dosis de erotismo que, por momentos, bordea el hardcore que tanto le apasiona y al que sueña con legar algún título en un futuro. Ferviente admirador del giallo ante todo filtrado por el prisma de un Fulci y un Lenzi más que por Argento, ciertas recurrencias se advierten en la filmografía molineana.
Estamos en presencia de uno de esos creadores a quienes basta apenas un esbozo de guión como incentivo de un talento que le posibilita una puesta en cámara superior, en ocasiones, a las historias narradas. Pueden contarse con los dedos de una mano (y quizás sobren varios), los realizadores cubanos que cuentan con ese don para saber exactamente dónde situar la cámara y extraer las mayores posibilidades expresivas al encuadre con los precarios medios disponibles. Aunque ha tenido la fortuna de dirigir a algunos de los más renombrados intérpretes del teatro y el cine nacional (Luis Alberto García, Mario Guerra, Alexis Díaz de Villegas, Zulema Clares...), de quienes ha logrado excelentes actuaciones, cuando no logra visualizar en algún actor los rasgos para caracterizar el personaje que ha delineado, Molina opta por interpretarlo él mismo (Fría Jennie, El hombre que hablaba con Marte).

Es justamente en Fría Jennie (2000), un ejercicio estilístico rodado a lo largo de una noche en una sola locación, bajo los mandamientos no escritos que en unión de dos jóvenes argentinos, los hermanos García Bogliano —quienes también aportaron sus cortos—, llamó jocosamente «Dolman», en explícita ironía al seguido por los daneses, donde irrumpe una especie de alter ego llamado Hast Du. Este viajero en el tiempo y el espacio, es manejado por Molina con esa absoluta libertad dominante en su quehacer para prescindir de él y luego hacerlo reaparecer en alguna obra, no siempre con los rasgos del mismo intérprete, sea el mismo Molina (Fría Jennie), Ricardo Becerra (Molina’s Solarix) o Alexis Díaz de Villegas (Molina’s Mofo).

Auténtica rara avis en el contexto del cine cubano de todos los tiempos, la obra de Molina es marginada por el ICAIC de sus circuitos de exhibición, ante todo por el ingrediente sexual presente en todos sus filmes. Las concepciones puritanas que rigen la programación e incluso los festivales, cuyas escandalizadas comisiones de selección las rechazan, relega su visionado apenas a cine clubes o espacios alternativos, sea un festival de provincias, circuitos universitarios o el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica de Camagüey. La curiosidad de «lo prohibido», como siempre, ha suscitado un culto ya no solo entre intelectuales admiradores de sus cintas, sino que el mercado subterráneo que corre por los videoclubes clandestinos del país, se disputa las copias que el propio Molina distribuye. Para contribuir a fomentar su propia mitología, el cineasta se jacta de que, en algunos casos, circulan copias inacabadas de sus filmes, sustraídas de la sala de edición. El cine de Jorge Molina es más conocido a través de esta vía, de libros de referencia como Fear Without Frontiers: the Horror Cinema Across the Globe (Fab Press, Londres, 2003), al lado de Jodorowsky o Takashi Miike, y de los blogs y sitios de internet interesados para los cuales concede entrevistas con alarmante frecuencia, que por los espectadores de Cuba.
La crítica especializada internacional ve en Molina a un cineasta irreverente, transgresor e inconforme que por las constantes apreciables en su obra: sexo, muerte, deseo y monstruosidad, es marginado por la industria. Por esta razón se ve forzado a trabajar de modo independiente con presupuestos ínfimos, aportados generalmente por amigos. Poseedor de una enciclopédica cultura cinematográfica, en los cortometrajes de ficción realizados por Molina, además de su universalidad, se advierte la marcada influencia del cine de Hong Kong, que por su libertad a nivel creativo y artístico conceptúa, sobre todo en los años 80 —y en esto coincide con importantes teóricos—, como el mejor del mundo. Un crítico norteamericano al apreciar uno de sus cortos escribió: «Wong Kar-wai filmando con el lente de Jess Franco. Shanghai Gesture y The Old Dark House rehechas por Lucio Fulci». Interesado en abordar todos los elementos oscuros de la naturaleza humana, su perenne interés en no abordar la realidad nacional inmediata e insistir en retomar los tópicos del cine de horror, en medio de un ecléctico universo de referencias cinematográficas, lo convierten en uno de los realizadores más atípicos y a contracorriente en la historia del cine cubano.
En 1998, escribió, produjo, dirigió y actuó en el falso documental Sidoglio Smithee, que nunca concluyera, aunque algunas publicaciones lo han incluido en su filmografía. Más de una década después amenaza con su primer largometraje, Molina’s Ferozz, una muy personalísima (re)visión del cuento clásico La caperucita roja de Charles Perrault con la cual rinde tributo a La bestia, de Walerian Borowczyk y Malabimba, de Andrea Bianchi.
EL INDISCRETO ENCANTO DE MOLINA
por Luciano Castillo
Jorge Molina (Jorge Molina Enríquez), nació en Palma Soriano, actual provincia de Santiago de Cuba —y entonces provincia de Oriente—, el 5 de febrero de 1966. Con solo diecinueve años, gracias a unos cursos convocados por los hoy desaparecidos estudios cinematográficos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, durante quince meses estudió realización en el Instituto Estatal de Cine de Moscú (VGIK), en la última etapa de la Unión Soviética. A este período le atribuye el cineasta el rango de una experiencia de vida. De regreso a Cuba matriculó dirección en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, de la cual se graduó en 1992 como integrante de la tercera generación de «cineteleastas» formados allí. Su tesis de grado, el cortometraje Molina’s Culpa, es considerado como un «filme de culto». Desde 1997 ha desempeñado varias funciones en el área docente.
Su experiencia como actor en el cine profesional abarca apariciones en papeles episódicos en los filmes El plano (1993), de Julio García-Espinosa, Madagascar (1993), La vida es silbar (1998) y Madrigal (2006), dirigidos por de Fernando Pérez; Kleines Tropikana (1999) y Lisanka (2009), realizados por Daniel Díaz Torres y Miradas (2001), de Enrique Álvarez. Ha incursionado, además, en el video clip con los grupos vascos de rock Txapelpunk; Pim Pam Pum Band y Xagarroi, así como la agrupación cubana Cachy y su Cachiván.
Molina, que antepone su apellido en los títulos de la mayor parte de sus cortometrajes como una suerte de marca de fábrica, es el único cineasta cubano en explorar dentro del cine de género el cine fantástico y el horror aderezado con considerables dosis de erotismo que, por momentos, bordea el hardcore que tanto le apasiona y al que sueña con legar algún título en un futuro. Ferviente admirador del giallo ante todo filtrado por el prisma de un Fulci y un Lenzi más que por Argento, ciertas recurrencias se advierten en la filmografía molineana.
Estamos en presencia de uno de esos creadores a quienes basta apenas un esbozo de guión como incentivo de un talento que le posibilita una puesta en cámara superior, en ocasiones, a las historias narradas. Pueden contarse con los dedos de una mano (y quizás sobren varios), los realizadores cubanos que cuentan con ese don para saber exactamente dónde situar la cámara y extraer las mayores posibilidades expresivas al encuadre con los precarios medios disponibles. Aunque ha tenido la fortuna de dirigir a algunos de los más renombrados intérpretes del teatro y el cine nacional (Luis Alberto García, Mario Guerra, Alexis Díaz de Villegas, Zulema Clares...), de quienes ha logrado excelentes actuaciones, cuando no logra visualizar en algún actor los rasgos para caracterizar el personaje que ha delineado, Molina opta por interpretarlo él mismo (Fría Jennie, El hombre que hablaba con Marte).

Es justamente en Fría Jennie (2000), un ejercicio estilístico rodado a lo largo de una noche en una sola locación, bajo los mandamientos no escritos que en unión de dos jóvenes argentinos, los hermanos García Bogliano —quienes también aportaron sus cortos—, llamó jocosamente «Dolman», en explícita ironía al seguido por los daneses, donde irrumpe una especie de alter ego llamado Hast Du. Este viajero en el tiempo y el espacio, es manejado por Molina con esa absoluta libertad dominante en su quehacer para prescindir de él y luego hacerlo reaparecer en alguna obra, no siempre con los rasgos del mismo intérprete, sea el mismo Molina (Fría Jennie), Ricardo Becerra (Molina’s Solarix) o Alexis Díaz de Villegas (Molina’s Mofo).

Auténtica rara avis en el contexto del cine cubano de todos los tiempos, la obra de Molina es marginada por el ICAIC de sus circuitos de exhibición, ante todo por el ingrediente sexual presente en todos sus filmes. Las concepciones puritanas que rigen la programación e incluso los festivales, cuyas escandalizadas comisiones de selección las rechazan, relega su visionado apenas a cine clubes o espacios alternativos, sea un festival de provincias, circuitos universitarios o el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica de Camagüey. La curiosidad de «lo prohibido», como siempre, ha suscitado un culto ya no solo entre intelectuales admiradores de sus cintas, sino que el mercado subterráneo que corre por los videoclubes clandestinos del país, se disputa las copias que el propio Molina distribuye. Para contribuir a fomentar su propia mitología, el cineasta se jacta de que, en algunos casos, circulan copias inacabadas de sus filmes, sustraídas de la sala de edición. El cine de Jorge Molina es más conocido a través de esta vía, de libros de referencia como Fear Without Frontiers: the Horror Cinema Across the Globe (Fab Press, Londres, 2003), al lado de Jodorowsky o Takashi Miike, y de los blogs y sitios de internet interesados para los cuales concede entrevistas con alarmante frecuencia, que por los espectadores de Cuba.
La crítica especializada internacional ve en Molina a un cineasta irreverente, transgresor e inconforme que por las constantes apreciables en su obra: sexo, muerte, deseo y monstruosidad, es marginado por la industria. Por esta razón se ve forzado a trabajar de modo independiente con presupuestos ínfimos, aportados generalmente por amigos. Poseedor de una enciclopédica cultura cinematográfica, en los cortometrajes de ficción realizados por Molina, además de su universalidad, se advierte la marcada influencia del cine de Hong Kong, que por su libertad a nivel creativo y artístico conceptúa, sobre todo en los años 80 —y en esto coincide con importantes teóricos—, como el mejor del mundo. Un crítico norteamericano al apreciar uno de sus cortos escribió: «Wong Kar-wai filmando con el lente de Jess Franco. Shanghai Gesture y The Old Dark House rehechas por Lucio Fulci». Interesado en abordar todos los elementos oscuros de la naturaleza humana, su perenne interés en no abordar la realidad nacional inmediata e insistir en retomar los tópicos del cine de horror, en medio de un ecléctico universo de referencias cinematográficas, lo convierten en uno de los realizadores más atípicos y a contracorriente en la historia del cine cubano.
En 1998, escribió, produjo, dirigió y actuó en el falso documental Sidoglio Smithee, que nunca concluyera, aunque algunas publicaciones lo han incluido en su filmografía. Más de una década después amenaza con su primer largometraje, Molina’s Ferozz, una muy personalísima (re)visión del cuento clásico La caperucita roja de Charles Perrault con la cual rinde tributo a La bestia, de Walerian Borowczyk y Malabimba, de Andrea Bianchi.
jueves, 12 de noviembre de 2009
MOLINEANDO A MOLINA 2 Y MEDIO: UN PORNOGRAFO DE CULTO EN CUBA
Hace unos días por medio de un amigo me llegó a mis manos un número de una revista de cine llamada TOMA 5, esta revista se publica en México y mi amigo la compró por allá. Él, muy excitado, me la trajo porque había descubierto un artículo sobre mí en ella. Emocionado, abrí la revista y encontré dentro un acto de amistad sincera y una declaración de amor hacia mi trabajo y hacia mí(claro, sin mariconerías), de mi gran amigo y compañero de estudios Miguel Lavandeira, gallego, hombre de cine, editor, realizador y profesor de cine, de los buenos y en un acto de pura vanidad me permito reproducírselo a ustedes.
JORGE MOLINA: EROTOMANO
por Miguel Lavandeira
lNTERIOR de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), Cuba. Día. 1990. Miguel (24 años), ve una película, reproducida en un Betamax. Llega Jorge Molina (24 años, exactamente igual que Manolito el de Mafalda, pero habla con fuerte acento cubano).
MOLINA: Brother: ¿en esa película salen mujeres en cueras?
MIGUEL: Sí, si recuerdo bien, sí. En unos diez minutos, más o menos.
Diez minutos más tarde...
MOLINA: Gracias, brother. Sale.
MIGUEL: ¿No te quedas a verla?
MOLINA: (Ya desde lejos.) No, ¡Voy a masturbarme!
Lo anterior es, todavía, el componente esencial de la vida de Jorge Molina: cine y sexo. Es el hombre más cinematográfico que conozco: nadie como él puede contarte todo acerca de Serguei Paradjanov y Rocco Siffredi... junto y mezclado. Sé de lo que hablo: durante muchos años vi cinco películas al día. Molina, ocho o nueve. Entre medias, cogía. O se masturbaba. O las dos o las tres cosas a la vez. Aunado a ello, resulta que, sin haber filmado un largometraje, a base de puros cortos, es un director de culto en Cuba.
1. Molina´s Culpa (1992): Su tesis de graduación en la EICTV. El porno con auténticas penetraciones, impensable por motivos legales, es perfectamente simulado en este corto (35 mm, B/N) que demuestra su potencia en la escena en que la prostituta le extrae, con la boca, un cristal del culo al supuesto cura. O la secuencia, muda y a cámara rápida, de la iniciación sexual de esa mujer, interpretada por ldalmis del Risco. Anunciaba su capacidad para hacerlo bueno, bonito y barato.

2. Molina´s Solarix (2006): Un guión escrito en una noche. Una locación. Dos personajes. Unos 10 dólares de presupuesto. Un tiempo mínimo de rodaje. Con estas
condiciones de producción, consigue un corto de Ciencia Ficción/Porno/Gore divertido, original y... muy cachondo. Es en extremo referencial (R. Wise, M. Bava, G. A. Romero y A. Tarkovski en la licuadora), pero a la vez tan autoral y tan propia que hasta Quentin (Tarantino) le tendría envidia.

3. Los crews más grandes del mundo y sin dinero. Sólo Kubrick le ha sacado tanto jugo a su gente. Y, encima, Molina no nos paga (fui uno de los muchos editores que le metieron mano a Molina´s Mofo} sino que, incluso, alguno que otro miembro del equipo se ha rascado el bolsillo para ayudar con los gastos. Sin pedos. Con gusto. ¿Por qué? Por su autenticidad.
Molina hace obras pornográficas que son, también, obras de arte. Y en mi conocimiento del asunto porno, que reconozco muy humilde, tal caso no abunda (las películas porno me suelen parecer un coñazo, y no lo digo literalmente, sino en gachupín, ¿vale?). Tampoco en el mundo del cine en general: el único caso de arte y pornografía juntos que conozco es Lost Girls (1991-2006), el cómic de Alan Moore y Melinda Gebbie. Los intentos han pululado: Lars von Trier, en Los idiotas (Idioterne, 1998), Patrice Chéreau en Intimidad (Intimacy, 2001), Michael Winterbottom en 9 orgasmos (9 songs, (2004)... todas estas películas incluyen escenas con sexo directo, real. ...pero no llegan al punto (G) tan bien como Molina. ¿Por qué?
4. El estilo de Molina: Casi sin tracking shots a excepcion sería Molina´s Test, de 2001, donde mezcla a Robert Wise con Fu Manchú, ergo con su muy admirado Jess Franco), Molina SIEMPRE coloca su cámara en un lugar interesante. Hay que añadir un sentido innato (bueno, innato más las n mil películas que ha visto) del shot progression, mucho sentido del humor y habilidad y astucia para lograr que algunas de las actrices más bellas de Cuba (doble o triple redundancia, no sé), y algunos de los mejores actores de la isla se desnuden no solamente gratis, sino que quieran repetir experiencia en sus posteriores proyectos. ¿Cómo lo consigue? Con absoluto respeto, afecto y profesionalidad, que se transmite a la velocidad de la luz a su(s) ya de por sí muy profesional(es) equipo(s) técnico(s): cheque a Luis Alberto García en Che (2008),de Steven Soderbergh, como el infame, corrupto y cobarde alto oficial del ejército de Batista y luego vea cómo Mo1ina lo pone a cogerse a un chivo disecado en Molina's Test, para que lo entienda. y lo más importante: BUENAS HISTORIAS. Al igual que su director favorito, Billy Wilder, cree que la única regla a seguir en el cine es: "No aburrirás a tu prójimo”

5. El Mo1inazo que viene: Mo1ina sería muchísimo más feliz haciendo porno en el Valle de San Fernando que en La Croisette. Estando en París, el mismísimo Gaspar Noé, fascinado por la leyenda/rumor del enfant terrible cubano lo buscó y encontró. Pero Jorge no tiene nada de terrible: es muy buen amigo, un ser humano esencialmente noble y bueno, y un amoroso marido y padre de familia. También es capaz de pergeñar, con la inestimable ayuda de un grupo recurrente de guionistas (los hermanos García Bog1iano, Edgar Soberón Torchía), el guión más machista y feminista a la vez Molinas Cuba Exxxtreme (título menos potente que el previo Molinas Señora 22). Elevo mis plegarias a la diosa Asia Argento para que acepte el papel protagónico.
Mientras, gracias a la clarividencia de la Beca Cinergia,* disfrutaremos a corto-medio plazo de Molinas Feroz, versión bestia (muy) de la Caperucita Roja: 72 minutos de cachondería, guarrez y mucha risa. ¿No suena mal, verdad?
El que no me crea, que revise la página www.molinatron.blogspot.com, y ahí lea extractos del guión, vea diversas maravillas y sepa de lo que es capaz ese güero.


.*Otorgada por el Fondo de Fomento al Audiovisual de Centroamérica y el Caribe. [N. del E.).
MIGUEL LAVANDEIRA. Es director del documental Erotómano, acerca de Jorge Molina, actualmente en rodaje.
JORGE MOLINA: EROTOMANO
por Miguel Lavandeira
lNTERIOR de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), Cuba. Día. 1990. Miguel (24 años), ve una película, reproducida en un Betamax. Llega Jorge Molina (24 años, exactamente igual que Manolito el de Mafalda, pero habla con fuerte acento cubano).
MOLINA: Brother: ¿en esa película salen mujeres en cueras?
MIGUEL: Sí, si recuerdo bien, sí. En unos diez minutos, más o menos.
Diez minutos más tarde...
MOLINA: Gracias, brother. Sale.
MIGUEL: ¿No te quedas a verla?
MOLINA: (Ya desde lejos.) No, ¡Voy a masturbarme!
Lo anterior es, todavía, el componente esencial de la vida de Jorge Molina: cine y sexo. Es el hombre más cinematográfico que conozco: nadie como él puede contarte todo acerca de Serguei Paradjanov y Rocco Siffredi... junto y mezclado. Sé de lo que hablo: durante muchos años vi cinco películas al día. Molina, ocho o nueve. Entre medias, cogía. O se masturbaba. O las dos o las tres cosas a la vez. Aunado a ello, resulta que, sin haber filmado un largometraje, a base de puros cortos, es un director de culto en Cuba.
1. Molina´s Culpa (1992): Su tesis de graduación en la EICTV. El porno con auténticas penetraciones, impensable por motivos legales, es perfectamente simulado en este corto (35 mm, B/N) que demuestra su potencia en la escena en que la prostituta le extrae, con la boca, un cristal del culo al supuesto cura. O la secuencia, muda y a cámara rápida, de la iniciación sexual de esa mujer, interpretada por ldalmis del Risco. Anunciaba su capacidad para hacerlo bueno, bonito y barato.

2. Molina´s Solarix (2006): Un guión escrito en una noche. Una locación. Dos personajes. Unos 10 dólares de presupuesto. Un tiempo mínimo de rodaje. Con estas
condiciones de producción, consigue un corto de Ciencia Ficción/Porno/Gore divertido, original y... muy cachondo. Es en extremo referencial (R. Wise, M. Bava, G. A. Romero y A. Tarkovski en la licuadora), pero a la vez tan autoral y tan propia que hasta Quentin (Tarantino) le tendría envidia.

3. Los crews más grandes del mundo y sin dinero. Sólo Kubrick le ha sacado tanto jugo a su gente. Y, encima, Molina no nos paga (fui uno de los muchos editores que le metieron mano a Molina´s Mofo} sino que, incluso, alguno que otro miembro del equipo se ha rascado el bolsillo para ayudar con los gastos. Sin pedos. Con gusto. ¿Por qué? Por su autenticidad.
Molina hace obras pornográficas que son, también, obras de arte. Y en mi conocimiento del asunto porno, que reconozco muy humilde, tal caso no abunda (las películas porno me suelen parecer un coñazo, y no lo digo literalmente, sino en gachupín, ¿vale?). Tampoco en el mundo del cine en general: el único caso de arte y pornografía juntos que conozco es Lost Girls (1991-2006), el cómic de Alan Moore y Melinda Gebbie. Los intentos han pululado: Lars von Trier, en Los idiotas (Idioterne, 1998), Patrice Chéreau en Intimidad (Intimacy, 2001), Michael Winterbottom en 9 orgasmos (9 songs, (2004)... todas estas películas incluyen escenas con sexo directo, real. ...pero no llegan al punto (G) tan bien como Molina. ¿Por qué?
4. El estilo de Molina: Casi sin tracking shots a excepcion sería Molina´s Test, de 2001, donde mezcla a Robert Wise con Fu Manchú, ergo con su muy admirado Jess Franco), Molina SIEMPRE coloca su cámara en un lugar interesante. Hay que añadir un sentido innato (bueno, innato más las n mil películas que ha visto) del shot progression, mucho sentido del humor y habilidad y astucia para lograr que algunas de las actrices más bellas de Cuba (doble o triple redundancia, no sé), y algunos de los mejores actores de la isla se desnuden no solamente gratis, sino que quieran repetir experiencia en sus posteriores proyectos. ¿Cómo lo consigue? Con absoluto respeto, afecto y profesionalidad, que se transmite a la velocidad de la luz a su(s) ya de por sí muy profesional(es) equipo(s) técnico(s): cheque a Luis Alberto García en Che (2008),de Steven Soderbergh, como el infame, corrupto y cobarde alto oficial del ejército de Batista y luego vea cómo Mo1ina lo pone a cogerse a un chivo disecado en Molina's Test, para que lo entienda. y lo más importante: BUENAS HISTORIAS. Al igual que su director favorito, Billy Wilder, cree que la única regla a seguir en el cine es: "No aburrirás a tu prójimo”

5. El Mo1inazo que viene: Mo1ina sería muchísimo más feliz haciendo porno en el Valle de San Fernando que en La Croisette. Estando en París, el mismísimo Gaspar Noé, fascinado por la leyenda/rumor del enfant terrible cubano lo buscó y encontró. Pero Jorge no tiene nada de terrible: es muy buen amigo, un ser humano esencialmente noble y bueno, y un amoroso marido y padre de familia. También es capaz de pergeñar, con la inestimable ayuda de un grupo recurrente de guionistas (los hermanos García Bog1iano, Edgar Soberón Torchía), el guión más machista y feminista a la vez Molinas Cuba Exxxtreme (título menos potente que el previo Molinas Señora 22). Elevo mis plegarias a la diosa Asia Argento para que acepte el papel protagónico.
Mientras, gracias a la clarividencia de la Beca Cinergia,* disfrutaremos a corto-medio plazo de Molinas Feroz, versión bestia (muy) de la Caperucita Roja: 72 minutos de cachondería, guarrez y mucha risa. ¿No suena mal, verdad?
El que no me crea, que revise la página www.molinatron.blogspot.com, y ahí lea extractos del guión, vea diversas maravillas y sepa de lo que es capaz ese güero.


.*Otorgada por el Fondo de Fomento al Audiovisual de Centroamérica y el Caribe. [N. del E.).
MIGUEL LAVANDEIRA. Es director del documental Erotómano, acerca de Jorge Molina, actualmente en rodaje.
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